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domingo, 6 de octubre de 2013

Sobre los auto-denominados anarquistas... | [Massive Attack]


Para evolucionar es preciso ser libre y no podemos tener libertad si no somos rebeldes, porque nunca tirano alguno ha respetado a los pueblos pasivos; jamás un rebaño de carneros se ha impuesto con la majestad de su número inofensivo, al lobo que bonitamente los devora sin cuidarse de otro derecho que el de sus dientes....

¡Pasividad, nunca! Rebeldía, ahora y siempre.
Práxedis Guerrero.


La idea anarquista por su naturaleza ha sido estigmatizada y perseguida desde siempre, no sólo por los actores sociales que tratan de mantener el actual estado de cosas, sino también por grupos que se tildan de revolucionarios cuyo único fin es la obtención del poder; porque el anarquista representa su peor enemigo, es ese sujeto “desorganizado”, incapaz de someterse a la voluntad de una estructura escalafonaria, es el que no respeta acuerdos donde las mayorías obligan a las minorías a doblegarse sólo por ser minorías, es el pone bombas, el provocador, es ese paria “sociópata” que tiene la osadía de criticar todo y generar una idea acompañada con acciones que difieren con lo que la sociedad impone. Parece que esto es una constante permanente, el anarquismo por lo que representa será siempre perseguido, atacado y combatido hasta el triunfo de la revolución social o hasta su completa aniquilación.



Pero qué pasa cuando actores externos a la idea pretenden institucionalizarla, haciendo una aclaración muy importante: es cierto que algunas organizaciones de carácter libertario-plataformista han querido hacerlo desde el interior del movimiento mismo, pero ésta es una discusión que se tiene que dar únicamente dentro de este contexto; no hago referencia a estas organizaciones, hablo de sujetos partícipes del poder, de sus medios corporativos, de organizaciones y personas con posturas izquierdo-reformistas.
Desde la entrada del gobierno progresista, toda la maquinaria del poder ha hecho un increíble esfuerzo para que la opinión general se vuelque en contra de todos aquellos que creen en la acción directa, que los individuos y organizaciones que muestran su rabia contra este sistema de muerte, sean juzgados, señalados y castigados ejemplarmente, incluso por los mismos partícipes del ideal anarquista. Sus medios de programación masiva luchan por condenarlos, pero sin duda es un esfuerzo inútil, más cuando las condiciones de miseria son algo generalizado, cuando ya es insoportable esta situación de opresión y violencia estatal. Al ver que estos esfuerzos son pocos productivos, es tiempo de un cambio de estrategia, no basta con encarcelar, torturar y golpear, por que al final el anarquismo es una idea que ellos mismos nutren y refuerzan día a día manteniendo a todos en paupérrimas condiciones. Ahora pretenden realizar lo que hacen con cualquier expresión libre y autónoma que surge desde las entrañas de la población que no puede ser aplastada por la fuerza: la absorben, la reivindican, la deforman y la institucionalizan, para que estas expresiones no sólo sean conducidas dentro de sus lineamientos y reglas, si no también sean herramientas de adoctrinamiento, homogeneización y de sometimiento.



Una vez que dentro de organizaciones “en lucha”, incluidas algunas anarquistas, permeó la idea sembrada por el Estado y sus herramientas de difusión, de que los únicos que actúan violentamente son los infiltrados; sus medios lentamente han dejado de lado su discurso de dar por hecho que los individuos y organizaciones que accionan en movilizaciones son anarquistas, ahora en un cambio sutil pero muy importante los llaman auto-denominados, como si los medios miopes o el mismo Estado tuviera control o conocimiento de lo que implica ser un verdadero anarquista y comienzan a hacer preguntas sobre qué hay de tras de ellos: una idea o un agente perverso de control. Esos medios de adoctrinamiento estatal comienzan a reivindicar de forma amañada personajes anarquistas históricos que no son propietarios de la idea si no que ayudaron a la concretización del ideal, personajes que dentro de la misma historia estatal han sido permanentemente relegados y censurados, pero que ahora retoman para dar ejemplo de lo que es ser un buen anarquista. Los retoman, los citan, hacen caricaturas de ellos sólo para enseñar que los “auto-denominados” no entran dentro del parámetro de lo que debe ser, logran aislarlos y cuando llega la represión, casi ninguna organización ni individuo tiene el valor de reivindicarlos como participes de la lucha por el bienestar, al contrario los excluyen, se deslindan, se esconden y algunos llegan al extremo de agradecer al represor que los hayan librado de ese lastre.



Es ahí cuando peligra realmente el sentir anarquista, en el momento que una idea tan pura, libre y simple (simple porque es algo natural pensar en un estado de bienestar absoluto y libre) es completamente intelectualizada y se convierte en un objeto privado donde los personajes destacados del pasado y del presente son los que tienen la voz de mando de un movimiento, o aún peor cuando el enemigo natural es el que se apropia de ella.



Ante esta amenaza sólo quedan dos caminos, comprarle la idea al Estado, sumarnos a la señalización de todo aquel que nos parece sospechoso, evitar la confrontación directa, volvernos teóricos de lo que puede o podría ser y dejar crecer posturas alarmistas, sumisas y desmovilizantes. O mejor aún, reforzar la idea, seguir fomentando redes organizativas y sobre todo intensificar la acción directa violenta y radical, no dejarnos influenciar por el intento apaciguador del Estado, cobijar todas las acciones de rabia, fomentar y respaldar en el discurso y sobre todo en la acción toda idea de violencia en contra del Estado, no dejar a ningún compañero solo, luchar por su liberación y por la destrucción del sistema carcelario, apoyar las acciones de apoyo mutuo por mínimas que sean. Demostremos que la solidaridad no sólo es discursiva ni cibernética, que es algo que se refleja en las calles.

Sin duda son importantes las acciones de reivindicación públicas y el respeto a todas las formas de lucha, pero no olvidemos que LA CLANDESTINIDAD SIEMPRE HA SIDO NUESTRA MEJOR ALIADA, SI EL ESTADO QUIERE APROPIARSE DE LA IDEA ANARQUISTA HAY QUE DEMOSTRARLE CON LUJO DE VIOLENCIA QUE NO PUEDE NI PODRÁ SOSTENERLA, TOMEMOS E IMPULSEMOS ACCIONES EN CONTRA DE SUS INSTITUCIONES Y DE TODOS SUS SÍMBOLOS, INCLUSO LOS VIVOS. Enfrentemos la realidad de que tan sólo por ser anarquistas estamos en una guerra contra cualquier sistema y Estado, que la única forma de lograr destruir todo aquello que nos oprime y nos limita a alcanzar el bienestar, es asumiendo esta idea.




MUERTE AL ESTADO Y A TODO LO QUE LO SOSTIENE
VIVA LA ANARQUÍA Y LA ACCIÓN DIRECTA
CUIDADO EL ENEMIGO ESTA ENTRE NOSOTROS
ABAJO LOS MUROS DE LAS PRISIONES
PRESOS A LA CALLE
REBELDÍA HOY Y SIEMPRE

Por el refuerzo e incremento de la acción callejera, publica y privada.

Massive Attack

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